Cinco mujeres, ex compañeras de colegio, se reúnen 25 años después en una velada para reconocerse y hablar de sus vidas. Claro que lo que empieza color de rosa termina dando paso a una comedia negra, donde salen a flote aspectos ocultos de los personajes, dolores y la revelación de un sabroso misterio.
Rosita Nicolet montó “Brujas†a comienzos de los años 90, bajo su dirección, y luego en 2003 con Javiera Contador. Ahora vuelve a sumergirse en el mundo de estas mujeres con el director de teatro, dramaturgo y guionista Mateo Iribarren (“Tony Maneroâ€, “Grado 3â€) a cargo de la puesta en escena.
La española afincada en Chile cree que la pieza “es ideal para montar ahora, en tiempos teatrales crÃticos, donde el público anda un poco repartido. Su trama no tiene edad, a tal punto que luego se remontará en Buenos Aires. Es una obra con cuentoâ€. A eso le suma la llegada de Iribarren. “Mateo trae ideas nuevas, hay otro planteamiento; más Ãntimo, con más carne. Su mirada masculina es muy asertiva, además que el conoce muy bien el mundo femeninoâ€, explica Rosita.
Cristina Tocco interpreta a Patricia; Loreto Valenzuela, que hizo Patricia en la versión de 2003 ahora es Cecilia, la jueza; Tatiana Molina y Rosita Nicolet son dos dueñas de casa, dedicadas casi por completo a su familia; y Liliana GarcÃa sigue en el rol de una exitosa escritora lesbiana.
A Iribarren lo primero que lo sedujo fue el texto. “Nos habla de un mundo bien particular de mujeres solitarias, prácticamente abandonadas en estrictos colegios de monjas donde suelen formarse las personalidades. El reencuentro después de tantos años devela una realidad muy dolorosaâ€, dice. Lo segundo, comenta con una sonrisa, fue “trabajar con estas brujas reales, que tienen mucha experiencia y talentoâ€.
Como director, está buscando emoción y verdad: “El texto está bien escrito y no hay que pasar por encima de las palabras, el motivo está escondido para el público y lo estamos trabajando como un policial. Es como una obra de Agatha Christie. El público debe recibir pistas que de repente lo lleven por el camino equivocado, hay que jugar más con esconder que con mostrarâ€.
Y como hombre, también hace su aporte. “Hay cierta frialdad en la manera de relacionarse de las mujeres. Entre ellas suele haber envidias, tiranteces. La mujer es más cerebral que el hombre, creo yo, pasa la información por la cabeza. Mi idea es mostrar esa intimidad femenina, sacarla en el escenarioâ€.





















