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La camaleónica noche del Bar Catedral
Reportajes > Noche | 23 de julio de 2012 | Por Gloria

El Catedral se impone. Monumental en toda la esquina de José Miguel de la Barra con Merced, hace de portal de bienvenida- desde el poniente- a lo que es el bohemio, y cada vez más movido, barrio Lastarria.

Ubicado en el segundo piso del restaurante  Opera, el Catedral recibe a sus comensales con una amplia escalera que desemboca en una atareada barra que no para de sacar pedidos.

La decoración está bien, la luz precisa, y al fondo se dibuja un escenario y una escalera que conduce a una notable terraza.

El lugar siempre tiene movimiento y onda; comensales en la barra, amigas en mesas, chicos de pie, sillones con picoteos varios, risas y corbatas aflojadas disfrutando en torno a la informalidad que implica una piscola.

Si bien el Catedral tiene un público adulto joven, que fluctúa entre los 24 y los cuarentitantos, su abanico programático hace que la fauna del lugar sea camaleónica y varíe según el evento de la noche. De esta forma te puedes encontrar desde nostálgicos ochenteros que van a corear temas de Sexual Democracia hasta chicos más onderos que van por un rollo más electrónico.

Machos  y hembras siempre hay, y se percibe el coqueteo en el aire animado por unos graditos de más e impulsado por risas y miradas que van y vienen.

Por lo general se empieza a llenar a partir de las 21:00. La música está a cargo de un DJ que genera buen ambiente para tomar unas copas y picotear.

La carta de cócteles es bastante clásica, va desde la piscola, hasta un Bloody Mary, pasando por una sangría y un clavo oxidado. No hay mucha innovación al respecto. Y –definitivamente- lo que más se bebe el el lugar son combinados y cervezas. También da para compartir una botella de vino o de espumante en torno a una tabla de jamones y quesos y en plan más relajado.

Los picoteos son abundantes y sabrosos, resaltamos su tabla vegetariana (vegetariana de verdad, sin jamones ni pescado), que fusiona sabores locales con toques picantes que recuerdan a la gastronomía peruana, siendo la papa la principal protagonista de la tabla, lo que la hace contundente.

Probamos la ensalada Catedral y la verdad es que fue un tanto decepcionante, ya que esperábamos algo que hiciera honor a la monumentalidad de lugar y nos encontramos con una ensalada sosa y poco innovadora, donde lo más rescatable era el huevo pochado que brillaba cual guinda de la torta entre lo verdoso del plato. El resto de la oferta de picoteos es acotada pero variada: crudos, tabla de fiambres finos y gratín de mariscos, entre otros.

A medida que avanza la noche el ambiente se va prendiendo y la noche mutará según la programación musical, puedes terminar bailando una animada cumbia o entonando coros más relajados.

Recomendamos la terraza del tercer piso, está bien climatizada y hace de buen escenario para encuentro con amigos, salida de chicas e incluso cita romántica.

La infraestructura y las instalaciones son buenas, tiene buena relación precio calidad, los cócteles poco innovadores pero buenos. El ambiente tiene onda y es variado. La atención es regular.

Texto y Fotografías: Gloria Quevedo

> Restobar Catedral

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