Con música en vivo y una envolvente y colorida escenografía nos reciben en la cómoda y templada sala del TEUC; es “Cráneo Vacío”, la obra escrita por Gala Fernández (Omutí, Niño Terremoto) y dirigida por Elvira López Alfonso (Ciencia Ficción)
Hablar de la muerte en una obra de teatro familiar, dirigida a un público de 7 años hacia arriba, suena oscuro y complicado, pero calma que no lo es en absoluto. Aquí se habla de la muerte desde un lugar alegre, se toma la muerte como excusa para entender mucho mejor la vida, desde la música, el amor, el baile y la belleza.
Un par de divertidos cuervos y una sobredosis de enérgicos personajes en escena, nos cuentan la historia de un ambicioso y aváro mercader que se dedica a vender calaveras, estas mismas despiertan de la muerte y merodean por el lugar contando las historias de su vida, todas ellas dejaron muchas riquezas en la tierra, y al enterarse de esto, el viejo mercader tan avaro y testarudo, buscará por todos lados sin descanso hasta encontrar dichos tesoros. Así se sumerge en una gran aventura que finalmente le hará tomar conciencia que el verdadero sentido de la vida no es lo material.
Compleja y un poco extensa, es que a veces tanto estimulo sonoro y visual ahoga un poco las palabras y nos cuesta seguir el hilo de la historia. Sin embargo, es muy cautivante, atractiva y divertida, nos hipnotiza con sus colores y cambios musicales, contiene temáticas actuales y contingentes que dejan pensando a niños y adultos por su exquisito humor blanco y sus ritmos latinos que nos agudizan los sentidos y que hacen que cualquier esqueleto se ponga a bailar.
Una obra es buena cuando nos lleva de viaje sin levantarnos de nuestra butaca, cuando nos escapamos de la realidad por un buen rato y recién en el aplauso volvemos a pisar la tierra, lo notamos porque, al terminar la obra, el cuerpo se siente distinto, hay un antes y un después. Cráneo vacío es un bonito ejemplo; en ella nos sumergimos en un sueño que hace que nos sintamos niños, para luego despertar como adultos más conscientes y con una pisca más de bondad. Una bella manera de recordarnos que la vida está hecha para disfrutarla al máximo, bien lejos de esa codicia y ambición que a este mundo tienen vuelto tan loco.
El remedio ideal para terminar en alto la agotadora semana, para transformar el viernes húmedo y gris en una fiesta colorida y fantasmal o para aprovechar la aburrida tarde del sábado con un panorama sabroso y contundente. Usted decide, solo le digo: Vaya al teatro, hace bien!

























