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Extranjero, el último Hain, una obra mágica y estimulante
Reportajes > Teatro | 10 de enero de 2012 | Por Karol Blum

Luego de una exitosa temporada en Noviembre del año pasado, Extranjero, el último Hain, del colectivo artístico La Patogallina, vuelve al escenario de M.100, esta vez en el marco del Festival Santiago a Mil.

La Patogallina, para quien no ha tenido el placer de ver sus obras, trabaja un estilo de actuación basado en el teatro físico; gesto, cuerpo, imágenes poéticas, humor y la música en vivo casi como eje central (a cargo de “La Patogallina Sound Machine”) Esta vez el director de la compañía, Martín Erazo, se atrevió a incorporar el texto como un nuevo elemento, logrando un resultado bellísimo; texto y música se enamoran fortaleciendo casi cinematográficamente la puesta en escena.

Máscaras, trajes coloridos, enérgicos personajes, imágenes sublimes, humor y poesía. Una historia macabra y dolorosa, un pedazo importante de la historia de nuestro Chile, que ha sido ignorado por años y que hoy La Patogallina es capaz de revelar con esa personalidad alegre y transgresora que tanto la caracteriza.

La historia se sitúa a fines del siglo XIX en Tierra del fuego, lugar donde habitaban los Selk’nam, quienes hacían un ritual de iniciación masculina llamado Hain, donde los Kloketen (niños entre 10 y 13 años)  marcaban su paso a la adultez. En medio de esta ceremonia, llega a invadirlos un grupo de hombres blancos que se llevan por la fuerza al joven Klóketen, junto a otros de la comunidad y los suben a un barco con destino a Francia, lugar donde serán expuestos como animales en un zoológico humano.

La historia que aquí se cuenta resulta ser un aporte importantísimo para la identidad de nuestro país; ver obras como esta y conocer lo que sufrieron miles de indígenas en estas tierras hace más de cien años, sirve para encontrarnos con nuestra identidad, saber quiénes somos y qué es lo que tuvo que pasarnos antes para llegar a ser lo que somos hoy. Es por esto, que ver el trabajo de La Patogallina se convierte siempre en un orgullo; es estar viendo un montaje mágico, que sorprende todo el tiempo por la infinita integración de elementos y el despliegue escénico magnificente, aquí nada aparece sólo porque sí.

Una obra hermosa por donde se mire, con una energía que desborda vitalidad y gozo. Resulta maravilloso, ver cómo se trata un tema tan fuerte y desgarrador de una manera tan entretenida, lúdica y envolvente. Se dan el gusto de agregar generosos y exquisitos detalles a la obra que van llenando cada rincón con más amor y sorpresas, detalles que te permiten reír, o incluso soltar una que otra lágrima por tanta lluvia de emociones.

> Obra Extranjero, el último Hain

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