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Cabo Frío, Caben todos
Reseñas > Vida Nocturna | 31 de julio de 2009 | Por Pablo Contreras

Viernes por la noche. Fue una semana fuerte, de mucha pega y muchos temas un poco cabezones en el plano personal. En realidad, una semana re intensa, con modestos momentos de buena distracción.
Un día como hoy, la mente sólo está programada para una distracción de envergadura mayor y en ese plano llegué a Cabo Frío, así no más, solo como andaba y temprano como nunca; digamos un literal paso de la Of a la juerga. No suelo ir sin compañía a ningún lugar de carrete, pero como un ya viejo conocedor de ese lugar (dejo claro que viejo conocedor no hace referencia a mi edad biológica) sabía qué era lo que me esperaba o, al menos, qué era lo que no me esperaba. Es grato entrar a un lugar en donde lo mejor no es ni la música ni la decoración, sino que su buena onda y estilo relaxed…alegra el alma e inspira a pedir, saborear e ingerir.

Me senté en la barra, un espacio clásico para los que andan de a uno y en donde la compañía la da el barman de turno. Pedí un sandwich de carne, tocino y queso, que es uno de los habituales del lugar y que lo sirven acompañado de un mix vegetal que le aporta el equilibrio necesario. Para beber una Heineken de litro, en botella, helada, directo, así no más. Fueron 20 minutos de placer que más allá de dejar feliz al organismo, me cambiaron completamente el switch de la semana; algo así como lo que debe sentir un naval cuando desembarca en un puerto con permiso de salida.

Estaba a punto de pedir una segunda birra cuando apareció un amigo junto a otra gente que no conocía y, claro, de la barra pasé a una mesa y de la chela pasé a los destilados del caribe. Cabo Frío un viernes está simpre copado, pero como eran recién las 9.30 pm había lugar aún para elegir, así que nos sentamos en una mesa que está bien al medio del espacio principal. Una hora después estaba todo repleto. El ruido era algo ensordecedor, pero era el sonido de la amistad, de la desconexión, del pasarlo bien y de dejar que los otros hagan también lo mismo. No quedaba ya mesa sin gente, gente sin trago y barra sin un solitario más.

Un pelo platinado entró de improviso. Me dijeron que era la Barbie de Yingo. Raro, a decirlo menos, porque acá no existe VIP ni aires glamorosos. Éste es un bar, de esos bares de siempre, un bar amigo, donde se viene a relajar, brebaje mediante. Era bien buena la chica de Yingo, pero estaba tan cuáticamente producida que como que no encajaba en el cuadro. En fin, en el Cabo Frío, caben todos.

> Pub Cabo Frío

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