Celebrábamos el cumpleaños de una amiga y nuestra opción fue Murano, es cierto Murano dejó de ser lo que era antes, ya no es la discoteca de la que todos hablan, ya no es la sensación del verano, pero a nosotros nos gusta. Una vez adentro (uff que cuesta entrar) nos dirigimos al VIP, ahora está más grande asà que ya no tienes que aguantar los gritos del “negro†Piñera o el desfile constante de modelos con futbolistas.
La música es variada pero como el reggaeton sigue muy de moda hay que aguantárselo por lo menos 30 minutos seguidos con descansos de 10, para luego volver a lo mismo, no niego que me gusta bailarlo, “perrear†se transformó en un sinónimo de pasarlo bien y una excelente excusa para bailar más pegados, pero después de 20 minutos se pide a gritos un cambio, por último algo noventero que está tan de moda por estos dÃas.
En las discos en general no obtienes una atención especializada, ni menos personalizada como en bares o restoranes, pero en Murano nos atienden siempre bien, desde el guardia que te toquetea en la puerta entre la multitud que empuja para entrar, hasta la barwoman que si tienes suerte te cierra el ojo cuando bate el trago. Es que la buena onda y las ganas de pasarlo bien están siempre.
Después que cantamos el cumpleaños feliz decidimos bajar del VIP para bailar. La pista central siempre está llena y a las 2 de la mañana ya no cabe ni un alfiler, si te ponen un merengue lo bailas más parecido a un lento, pero a pesar de todo se pasa bien, no sé que será pero este lugar tiene algo especial, no es como en otras discos que se siente en el aire un dejo de improvisación, quizás sean los años de circo.
Cercano a las 5 de la mañana vuelven los lentos como pedÃa el comercial, casi no son apreciados por la masa que quiere seguir bailando, pero es piola bajar las revoluciones de a poco y no salir sobreexcitado y muy transpirado a la calle en busca de un Macdonalds. En Murano mientras que la bola disco no se caiga, el carrete está asegurado, nunca lo he pasado mal.





















