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Akbar Providencia…no sólo de nombre se puede vivir
Reseñas > Vida Nocturna | 22 de julio de 2009 | Por Pablo Contreras

El miércoles pasado tenía ganas de comer sushi, pero en un bar entretenido y pensé el Akbar, un bar ondero, con buena música y grato ambiente, tanto en verano, con su agradable patio interior tipo terraza como en invierno, con cálidas estufas que te hacen olvidar definitivamente el frío.

Como estaba navegando por internet, me metí a su página web y me lleve una sorpresa, Akbar no sólo estaba en Irarrázaval, sino que tenía dos sucursales más. Me tincó entonces ir a conocer el Akbar de Providencia, cerca de las Torres de Tajamar, que se veía en las fotos bastante piola. Y para allá partí junto a una amiga.

LLegamos y había poca gente, que a veces es bueno, porque además de encontrar una buena mesa la atención debiera ser más rápida… Lo primero se cumplió a cabalidad, nos sentamos en unos cómodos sofás que están al fondo del local, en la zona de fumadores y donde está permanentemente un VJ mezclando música y videos a un volumen alto, pero que permite conversar.

Hasta ahí, todo bien. Pedimos la Recomendación 2, que es una de las sugerencias de la casa, un Absolut durazno que estaba bastante bueno (mérito total de la calidad de este destilado) y un Ron Añejo con bebida cola, que para mi gusto, estaba demasiado suave. Los tragos se demoraron lo que normalmente demoran y unos 10 minutos llegó la comida, pero sólo las gyosas, que estaban aceptables, aunque la masa un poco dura; sin duda, he probado mejores. Seguramente van a traer ahora en un par de minutitos el mix de rolls, dijimos y en el intertanto, las gyosas desaparecieron rápidamente. Ahí empezó la parte desagradable. Pasaron, 10, pasaron, 20 y pasaron más de 30 minutos en los que nuestros supuesto banquete de sushi nunca apareció. Ya era demasiado, más aún cuando nos dimos cuenta que en una mesa que se había ocupado después de la de nosotros habían traído ya el pedido. Fue mucho y decidimos esperar 5 minutos más, sólo porque ya la ansiedad había hecho trabajar nuestro jugos gástricos como un cardumen de pirañas en busca de su presa y las pirañas deben comer! Los 5 minutos pasaron rápido y nos paramos para pagar la cuenta y dejar clara nuestra molestia. En ese mismo momento llegó el mozo, pidiendo las disculpas del caso, aunque sin tener una razón que justificara el por qué. Decidimos comer e irnos inmediatamente después a otro lugar. Las cosas no fueron mejores en la comida, los rolls de palta se desarmaban, los envueltos en sésamo eran todos de notorio distinto tamaño, el wasabi estaba como congelado y la soya extremadamente aguada. Un fiasco total.

Para más remate, el VJ repitió el mismo repertorio que ya habiamos estado escuchando en la hora en que estuvimos, algo insólito para decirlo menos.

Aunque parezca increíble, la buena compañía hizo que todo lo desagradable pasara a un plano secundario, pero el lugar, para olvidar y no volver.

Resumiendo, el de Providencia no es ni la sombre del Akbar Irarrázaval, que es el verdadero Akbar. Deja mucho que desear en todo ámbito y no tienen ni convocatoria ni onda. Tal vez no era su día, pero lo que me quedó claro es que no sólo de nombre prestado se puede vivir.

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