La literatura nipona llega tarde mal y nunca a nuestro paÃs, es por eso que un tÃtulo como El Clan Inugami despierta inmediata curiosidad, primero, por ser uno de los pocos tÃtulos japoneses que se hacen un espacio en las estanterÃa locales, segundo por explotar un género tan arraigado en occidente, la novela negra.
A fines de la Segunda Guerra Mundial, el patriarca de la familia Inugami, Sahei, muere en su mansión a los 81 años. Cuando joven, este empresario fue rescatado del abandono y la pobreza por un sacerdote, y ahora en su testamento tratará de saldar la deuda de gratitud con el religioso,; pero las intenciones de Sahei desatarán una serie de sangrientos y crueles crÃmenes dentro de la familia Inugami.

Pero para desentrañar todas las caretas, secretos y mentiras de esta próspera familia está Kosuke Kindaichi, un particular detective privado, de aspecto descuidado, tartamudo y lleno de manÃas, que de a poco irá desentrañando esta escabrosa maraña de poder y ambición. El encuentro con esta novela ha sido un verdadero gusto, ya que en sus primeras páginas nos damos cuenta que, más que una rareza, acá nos encontramos con un libro de género, una novela criminal que maneja a la perfección el mecanismo de vueltas de tuerca.
Aunque acá el verdadero protagonista es la trama, tal como los grandes de occidente el investigador es un personaje digno de recuerdo. Bastante se ha hablado de su similitud con Sherlock Holmes, el éxito de Sir Arthur Conan Doyle, pero al pasar las páginas se deja sentir un aire a Hércules Poirot o incluso a Miss Marple, sobre todo por el esquema de ¿quién lo hizo? presente en toda la trama.
El Clan Inugami es una historia que tiene todos los recursos del género, pero que además cuenta con una gran ventaja, un decorado tan exótico como el Japón de los años 40, un paÃs en una época en donde se podÃa apreciar con claridad la convivencia de la incipiente modernidad con las más arraigadas tradiciones.

















