La ConfiterÃa Torres, durante años, representó una cocina tradicional de mantel largo, donde los mozos atendÃan a generaciones de polÃticos y empresarios.
Después de estar perdida en su norte durante algún tiempo, el prestigioso nombre resurgió con fuerza no sólo en su histórico local del centro, si no también en nuevas locaciones, como su café en el Centro Cultural Palacio La Moneda y su recién inaugurado local de Isidora Goyenechea.
A este último fuimos, a probar su carta de sabores clásicos y a disfrutar de su entretenida terraza.
Como el calor dominaba, el primer pedido fue un refrescante té helado y una limonada, las que llegaron acompañadas de pan amasado y sopaipillas, ambos en pequeño frmato, junto a un pebre balanceado y ligeramente picante.
De entrada, pedimos unas empanaditas de queso que llegaron en formato cóctel, con sabor casero, masa crujiente y seca, con el queso justo y bien repartido.
Seguimos con unos camarones al pil pil ue estaban sabrosÃsimos, de textura firme y al dente, salteados con sauvignon blanc y macerados con cilantro, con grandes trozos de ajo que permitieron optar entre comerlos o no y un cacho de cabra que iba aumentando su picor a cada minuto.
Y en los fondos, optamos por toda una institución dentro de los sandwiches nacionales, el Barros Luco, que llegó en una crocante marraqueta, humectado gracias a un toque de mantequilla y al jugo de la carne, la que estaba a punto, gruesa en su corte, blanda y sabrosa, soportando cantidades generosas de queso derretido.
Seguimos en la lÃnea de las carnes con el otro plato, un filete al cilantro que llegó impecable, con mucho sabor y con el toque justo de cilantro, acompañado por una cremosa y contundente polenta.
Los postres también siguieron por el lado tradicional, con un helado de harina de tostada que irremediablemente trae reminiscencias a la infancia, al ulpo, a la sandÃa y a tardes veraniegas.
El otro postre que compartimos fue el encaje inglés, un elaborado y potente final en extremo dulce, donde nuevamente se evocaron los sabores de antaño, de pasteles de La Ligua y veranos playeros, todo gracias al merengue, el huevo mol y el coco rallado que predomina en este postre.
Para sacar el empalago, pedimos un par de expresso que llegaron impecables, con la espuma correcta.
La ConfiterÃa Torres sabe lo que hace, con una propuesta de cocina tradicional ejecutada con elegancia, precisión e ingredientes premium, una combinación que hace que den ganas de volver a probar recetas que nos han acompañado por años, pero que acá son presentadas de forma impecable.
Resumen: Un lugar de recetas clásicas elaboradas con ingredientes de primera calidad.





















